El mar debe ser el corazón de la acción climática

El mar debe ser el corazón de la acción climática 1920 1080 Foro para la Conservación del Mar Patagónico
La Cumbre del Clima COP30 concluyó con señales mixtas para la agenda ambiental global. Aunque los resultados generales de las negociaciones no alcanzaron el nivel de ambición esperado por la comunidad científica y las organizaciones socioambientales, el segmento oceánico dejó avances significativos que abren nuevas oportunidades para la acción climática basada en el mar.

Uno de los hitos más destacados fue el impulso renovado al Desafío NDC Azul (Blue NDC Challenge), una iniciativa que nació en Niza en junio, en el marco de la Conferencia Mundial de los Océanos (UNOC3), y que ya reúne a 17 países comprometidos con incorporar medidas oceánicas en sus Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC). Brasil, como país cofundador y actual impulsor político del proceso, jugó un papel central en ampliar el alcance de la iniciativa y promover la integración del océano en la agenda climática global. Chile, por su parte, consolidó su liderazgo regional al sumarse activamente al Desafío, reforzando la voz del Cono Sur en un espacio donde la cooperación es clave para la resiliencia socioecológica del Pacífico y del Atlántico Sur. La expansión de esta coalición representa un avance concreto hacia la integración del océano en la política climática global y una oportunidad estratégica de posicionamiento para los países del Cono Sur.

En paralelo, la COP30 dejó como resultado un importante movimiento diplomático coordinado: Brasil y Francia anunciaron la creación de una Fuerza de Tarea Oceánica (Ocean Task Force) destinada a acelerar la inclusión de soluciones marinas —como restauración de manglares, áreas marinas protegidas, planificación espacial marina y economías azules regenerativas— dentro de los planes climáticos nacionales.

Según se destacó durante la cumbre, esta Fuerza de Tarea permitirá articular apoyo técnico, movilizar financiamiento y acompañar a países que buscan fortalecer el enfoque marino de sus compromisos climáticos. La iniciativa se proyecta como un mecanismo operativo y multilateral que podría dar continuidad política y técnica al crecimiento del Desafío NDC Azul.

“El avance del NDC Azul y la creación de la Fuerza de Tarea Oceánica son señales alentadoras. Demuestran que existe voluntad política para que el océano deje de ser un actor secundario y pase a ocupar un rol central en la adaptación climática. Sin embargo, necesitamos que estos compromisos se traduzcan en financiamiento real, en medidas verificables y en una gobernanza que incluya a las comunidades costeras y a la ciencia regional”, señaló Andrea Michelson, coordinadora regional del Foro para la Conservación del Mar Patagónico y Áreas de Influencia.

A pesar de estos pasos positivos, la valoración general de la COP30 en materia de negociación climática fue más cauta. El paquete final no logró incluir la anhelada hoja de ruta para dejar de lado los combustibles fósiles, ni cerrar brechas en financiamiento, ambición ni mecanismos de implementación, dejando la sensación de que el tiempo político aún avanza más lento que la emergencia climática. Esta percepción se reflejó también fuera de las salas de negociación: diversas organizaciones sociales, comunidades indígenas, juventudes y colectivos de minorías llevaron adelante manifestaciones señalando la desconexión entre la urgencia vivida en los territorios y el ritmo de los acuerdos multilaterales. El humor social estuvo marcado por una mezcla de esperanza y frustración, con consignas que pedían mayor protección del océano, justicia climática y participación real de los pueblos costeros y comunidades históricamente marginadas.

“Por primera vez se plantea que lo que no se logró en esta instancia, se avance de acá a la próxima cumbre climática.  El desafío ahora es transformar estas alianzas diplomáticas en acciones concretas: restauración de ecosistemas, áreas marinas protegidas efectivamente gestionadas y políticas que aseguren la resiliencia de nuestras comunidades en un escenario geopolítico y climático cada vez más incierto”, destacó Daniela Castro, coordinadora del Foro Nodo Chile.

Un llamado a sostener el impulso oceánico

La región del Mar Patagónico (abarca sur de Chile y de Brasil, Argentina y Uruguay), que alberga ecosistemas críticos y comunidades que dependen profundamente del océano, observa estos avances con expectativa. El fortalecimiento de las NDC azules, la cooperación entre países y la creación de la Fuerza de Tarea Oceánica son oportunidades estratégicas para impulsar una agenda robusta de conservación marina que contribuya a la resiliencia climática y al bienestar regional.

Desde el Foro, continuaremos trabajando con gobiernos, organizaciones, científicos y comunidades para asegurar que estos compromisos internacionales se materialicen en políticas públicas efectivas, justicia climática y océanos sanos para las próximas generaciones.

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