Albatros ceja negra sobrevolando el Mar Patagónico - © WCS Argentina
Hay una región, en el sur del planeta, que siempre está absorbiendo el calor y el carbono que el mundo sobreproduce y no quiere desacelerar. Lo hace en silencio, con una capacidad de regulación climática extraordinaria, y a un costo creciente para sí mismo. Ese lugar es el Mar Patagónico, y el cambio ya está en marcha: sus aguas se están calentando, los frentes oceánicos están modificando su dinámica y numerosas especies ya están desplazando sus áreas de distribución hacia el sur en respuesta al cambio climático.
La cuestión ya no es si el cambio llegará, sino cuán preparados estarán sus ecosistemas para responder a él. Los ecosistemas saludables e íntegros se adaptan mejor que los degradados. Por eso proteger y fortalecer las Áreas Marinas Protegidas conectadas en Argentina, Chile, Uruguay y Brasil es hoy la estrategia más concreta de resiliencia climática: conservar para que el mar siga sosteniendo la diversidad de formas de vida.
Una victoria que muestra el camino
En el mes de marzo, Brasil creó el Parque Nacional Albardão, el mayor parque marino ubicado en el extremo sur del país. El Foro llamó la atención sobre este sitio en 2017 al incluirlo en la lista de “Faros del Mar Patagónico” (sitios importantes para la conservación de la biodiversidad marina del Cono Sur). El gobierno brasileño identificó esta zona como área prioritaria para la conservación en el año 2000 y . Casi una década de ciencia, cooperación regional y trabajo institucional se tradujo en un decreto presidencial. Una válvula nueva se abrió en el corazón azul del sur.
«Este logro demuestra que cuando la ciencia, la sociedad civil y los gobiernos trabajan juntos, la naturaleza puede ganar», señaló Carolina Contato de NEMA, Brasil. «Albardão no es el destino de 20 años de trabajo. Es el punto de partida para lo que sigue.»
Pero la celebración convive con la urgencia. El mismo sistema marino que Albardão ayuda a proteger está bajo una presión climática sin precedentes. Las aguas frías del Atlántico Sudoccidental absorben más CO₂ que cualquier mar tropical, una función reguladora crítica para el clima global que se debilita a medida que el océano se calienta y acidifica.
«La conservación y el manejo adecuado de los ecosistemas, en especial de las Áreas Costeras y Marinas Protegidas, contribuye a fortalecer su capacidad de adaptación, favoreciendo el bienestar de las personas «, advirtió Santiago Krapovickas , Coordinador del Programa Mar Patagónico Resiliente del Foro y gerente de proyectos costero-marinos de WCS Argentina.
Vista aérea de la región del Parque Nacional Albardão y del Faro Albardão. ©NEMA
Por qué la conectividad no puede esperar
El Mar Patagónico conecta los ecosistemas costeros y marinos de Argentina, Chile, Uruguay y Brasil mediante corrientes oceánicas y rutas migratorias que sostienen las migraciones, la alimentación y la reproducción de ballenas, tiburones, aves marinas, tortugas y pingüinos. Muchas de esas especies recorren miles de kilómetros a través de múltiples jurisdicciones durante su ciclo de vida, lo que vuelve ineficaces las respuestas aisladas de cada país.
Las Áreas Marinas Protegidas, cuando están bien gestionadas y conectadas entre sí, funcionan como refugios climáticos: zonas donde los ecosistemas pueden recuperarse, mantener su productividad y seguir prestando los servicios esenciales de los que dependen las comunidades costeras, desde la pesca artesanal hasta la regulación del clima local.
«El océano funciona como un único sistema vivo. Su protección también debe pensarse de manera integrada», afirmó Andrea Michelson, Coordinadora regional del Foro. «La adaptación climática del sur no depende de una sola área protegida ni de un solo país. Depende de nuestra capacidad de trabajar en red.»
El Foro, que reúne a 30 organizaciones de Argentina, Chile, Uruguay y Brasil, mantiene una visión compartida desde 2004 : que la conservación del Mar Patagónico requiere escala regional, base científica rigurosa y gobernanza colaborativa. Su meta de largo plazo es contribuir a la construcción de una red ecológicamente conectada de Áreas Marinas Protegidas y corredores de conservación en todo el Mar Patagónico, un desafío que demanda la articulación de gobiernos, comunidades, sector científico, organizaciones de la sociedad civil y otros actores estratégicos de la región.
Ballena Franca Austral - Mar Patagónico. © WCS Argentina
Mucho más que una causa ambiental
Las consecuencias socio económicas de la degradación del Mar Patagónico no son abstractas. Las comunidades pesqueras artesanales de la Patagonia ya registran cambios en las especies que capturan, en las temporadas que conocen de memoria y en los caladeros donde siempre faenaron. La biodiversidad del sur es la base de economías locales, tradiciones culturales y sistemas alimentarios que no tienen sustituto.
El programa regional Mar Patagónico Resiliente, impulsado por el Foro, busca avanzar hacia un Mar Patagónico «climáticamente inteligente», una nueva generación de conservación marina capaz de incorporar proyecciones climáticas en la gestión de AMP y de fortalecer refugios marinos frente a los impactos de esta crisis multidimensional.
«Proteger el océano ya no es solamente una causa ambiental», resumió Daniela Castro, Coordinadora del nodo chileno del Foro. «Es una decisión climática, social y económica. Y en el sur, ya tenemos las herramientas, la ciencia y la red para hacerlo bien.«
En este Día Mundial de los Océanos, el Foro se une a gobiernos, medios, comunidades y ciudadanía para tomar conciencia que el futuro climático también se juega aquí, en el sur, en y debajo de la superficie. Es momento de cuidarlo, es momento de cuidarnos.