La Plenaria 2026 tuvo como sede a Fundación Temaikèn, un espacio donde la conservación y la educación se encuentran para generar nuevas formas de vínculo con la naturaleza. En ese contexto, el encuentro sumó una dimensión especialmente significativa: pensar el futuro del mar no solo desde quienes trabajan directamente en su conservación, sino también desde la necesidad de transformar la relación de la sociedad con los ecosistemas que la sostienen.
“La conservación y la educación son inseparables cuando pensamos en el futuro de la biodiversidad. Generar espacios de encuentro como esta Plenaria nos permite compartir conocimientos, construir nuevas miradas y, sobre todo, fortalecer el compromiso colectivo con la protección de nuestros ecosistemas”, señaló Paula González, directora de Conservación, Educación, Ciencia y Salud de Fundación Temaikèn.
Porque el océano no entiende de fronteras. Las especies migran. Las corrientes conectan ecosistemas. Los impactos atraviesan jurisdicciones. Y los desafíos que enfrenta el Atlántico y Pacífico Sudoccidental son demasiado grandes para que un país, una organización o un sector pueda resolverlos por separado. Por eso, fortalecer una red regional no es solamente sumar actores. Es construir una capacidad colectiva de respuesta.
La Plenaria 2026 nos dejó una certeza: la próxima década no puede ser una repetición de las formas de conservar del pasado. Necesitamos pasar de proteger espacios a hacer que la conservación funcione: con capacidades, recursos, participación, gestión efectiva y aprendizaje compartido. Y también necesitamos mirar más allá de nuestras fronteras nacionales.
La implementación del Tratado de Alta Mar (BBNJ por sus siglas en inglés) abre una nueva etapa para la gobernanza del océano y plantea una oportunidad histórica para nuestra región. Que Valparaíso aspire a convertirse en sede de su Secretaría no es un dato menor: es una oportunidad para que el conocimiento, las capacidades y las voces de América del Sur tengan un lugar estratégico y se pongan a disposición para la conservación del océano global.
Cuando cambia la mirada, se puede transformar
Conservar el mar no implica solamente proteger ecosistemas: implica transformar la manera en que lo miramos, lo habitamos y nos relacionamos con él. Pasar de entenderlo como un espacio disponible a reconocerlo como un sistema vivo, interconectado, del que dependemos y que sostiene buena parte de nuestras sociedades. Pasar de pensar la conservación como una tarea reservada a especialistas a asumirla como una responsabilidad colectiva. Y, sobre todo, cambiar la pregunta: dejar de preguntarnos “¿qué podemos obtener del mar?” para empezar a preguntarnos “¿qué mar necesitamos para sostener la vida y construir nuestro futuro?”
Ese cambio de mirada también supone ampliar quiénes participan en las decisiones sobre ese futuro. Las nuevas generaciones no pueden ser solamente destinatarias de la conservación: tienen que ser protagonistas de su construcción. Sus preguntas, conocimientos, creatividad y nuevas maneras de participar pueden ayudarnos a desafiar las respuestas conocidas y a imaginar otras frente a un escenario que también está cambiando.
Por eso, necesitamos una red capaz de poner en diálogo la experiencia acumulada con las voces que todavía no están sentadas en la mesa; de conectar territorios, disciplinas y generaciones; y de convertir esa diversidad en una mayor capacidad para actuar.
Como plantea Andrea Michelson, coordinadora regional del Foro: “El valor de una red regional está justamente en poder construir respuestas que trasciendan las fronteras y tengan continuidad en el tiempo.”
Y quizás ahí esté una de las preguntas más importantes que nos deja esta Plenaria: ¿qué tenemos que cambiar nosotros para que el mar que imaginamos para 2036 sea posible?
Porque no alcanza con saber más. No alcanza con proteger más. No alcanza con reunirnos más. Tenemos que aprender a hacer distinto: a colaborar de otras maneras, a incorporar nuevas voces, a conectar lo que sabemos con lo que todavía necesitamos aprender y, sobre todo, a convertir ese conocimiento en acción. Juntos.
La Plenaria 2026 fue un punto de encuentro. Ahora comienza el desafío de transformar esa trama de conocimientos, organizaciones, territorios y personas en capacidad de transformación. Porque tramar el mar es mucho más que conectar hilos: es construir vínculos que perduren, fortalecer una red capaz de responder a los desafíos que vienen y abrir caminos para que otros también puedan sumarse.
Cuatro países. Un mismo mar. Un futuro que no está escrito: lo tenemos que construir juntos.