La conservación marina emerge como una oportunidad para construir desarrollo con futuro. Los océanos del sur sostienen comunidades costeras, capturan carbono, regulan el clima y son fuente de alimento, ciencia, cultura y sin duda un refugio para la adaptación al cambio climático. Sin embargo, algunas actividades económicas que se realizan sin integración del cuidado del mar, generan contaminación, destrucción de hábitat y otros impactos que terminan degradando los ecosistemas marinos que los sostienen, cercenando su propio futuro y el de comunidades costeras patagónicas.
“Chile tiene la oportunidad histórica de asentar su liderazgo en la conservación oceánica impulsando una agenda regional que conecte la protección del mar con la acción climática y el bienestar de las personas”, señala Daniela Castro, Coordinadora del Nodo Chile del Foro para la Conservación del Mar Patagónico y Áreas de Influencia.
Desafíos y decisiones urgentes
A pesar de los avances en la creación de áreas marinas protegidas, muchos espacios aún carecen de gestión efectiva, recursos y gobernanza participativa. Si bien se ha iniciado un trabajo en materia de estructuras de gobernanza y planes de manejo, es fundamental que un próximo gobierno continúe en la implementación de las Áreas Marinas Protegidas (AMP) y de regulaciones nacionales recientemente aprobadas y que aplican directamente a nuestro mares como la Ley Marco sobre Cambio Climático y el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas y el Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Asimismo, Chile tiene compromisos adquiridos a nivel internacional en materia de ambiente, cambio climático (UNFCCC), biodiversidad a escala global (UNCBD), biodiversidad marina más allá de las fronteras nacionales (Tratado BBNJ) y participación a escala de Latinoamérica (Acuerdo Escazú) que también deben expresarse en acciones concretas en el ámbito de la gestión de los espacios costeros y marinos del país.
Desde el Foro subrayamos que las decisiones que se tomen en los próximos años “deben garantizar la integridad ecológica del mar y la justicia ambiental para las personas que dependen de él”. En este contexto, se hace indispensable que nuestra política de Estado siga trascendiendo los ciclos de gobierno y coloque la salud del océano y el bienestar de las comunidades costeras como eje central de desarrollo y planificación territorial.
Una mirada regional estratégica
Los procesos físicos y biológicos que caracterizan al Mar Patagónico no reconocen fronteras políticas: las corrientes y las especies migratorias o de amplia distribución conectan los mares de Chile, Argentina, Uruguay y Brasil. Por eso, la protección efectiva del mar patagónico requiere cooperación regional, intercambio de conocimiento y coordinación en políticas de conservación y uso sostenible.
“Chile viene sosteniendo un importante liderazgo en materia de océanos y conservación de la biodiversidad marina que es reconocido a nivel global. Por eso es un actor político clave en la región para impulsar una visión de conservación y uso sustentable basada en ciencia, transparencia y participación ciudadana”, resalta Daniela.
El mar como bien común
En tiempos de crisis climática, de pérdida de biodiversidad y polarización social, la conservación del mar ofrece un terreno común donde convergen intereses ambientales, sociales y económicos. Apostar por la salud del océano es apostar por la seguridad alimentaria, la resiliencia frente al cambio climático y la equidad intergeneracional.
El futuro de Chile también se juega en el mar.