El Acuerdo BBNJ responde a una deuda histórica de la gobernanza oceánica global. Hasta ahora, las aguas fuera de jurisdicción nacional estaban reguladas por normas y organismos sectoriales, pero carecían de un instrumento específico capaz de abordar de manera coordinada la pérdida de biodiversidad, la presión de actividades humanas y los impactos acumulativos en alta mar, en un contexto de cambio climático, contaminación y sobreexplotación de recursos.
Establece cuatro pilares centrales:
- la creación de medidas de gestión basadas en áreas, incluidas áreas marinas protegidas en aguas internacionales;
- la implementación de evaluaciones de impacto ambiental para actividades con potencial impacto significativo;
- el acceso y la distribución justa y equitativa de los beneficios derivados de los recursos genéticos marinos;
- y el fortalecimiento de capacidades y la transferencia de tecnología marina, con especial énfasis en los países en desarrollo.
El Mar Patagónico y sus áreas de influencia es una región altamente productiva y ecológicamente conectada, donde especies migratorias, procesos oceanográficos y las actividades humanas (y sus impactos) trascienden las fronteras nacionales. Como lo subraya Andrea Michelson, Coordinadora regional del Foro para la Conservación del Mar Patagónico y Áreas de Influencia, “el BBNJ abre una oportunidad histórica para el Mar Patagónico: fortalecer la articulación entre la gestión de las zonas económicas exclusivas y la alta mar, con el fin de impulsar la conservación y mejorar la prevención y reducción de impactos. Asimismo, puede contribuir a fortalecer la cooperación regional y resguardar un sistema ecológico interconectado cuyas dinámicas trascienden las fronteras.”
Desde el Foro celebramos la entrada en vigor del Acuerdo BBNJ, destacamos la importancia de avanzar en su implementación efectiva en la región y nos ponemos a disposición para ello. En este marco, alentamos a que Argentina complete a la brevedad el proceso de ratificación, de modo de incorporarse plenamente al conjunto de Estados Parte que están dando forma a la puesta en marcha de este instrumento clave para la gobernanza oceánica.
“El futuro del océano se juega más allá de las fronteras. El Acuerdo BBNJ ofrece una gobernanza basada en ciencia y cooperación, y la posibilidad de establecer su sede en Valparaíso (Chile) sería una señal importante de voluntad de descentralización de los organismos internacionales a nivel mundial, y acercaría la toma de decisiones globales a una región profundamente conectada con el mar”, concluye Daniela Castro, coordinadora del nodo chileno.