Viernes, Noviembre 17, 2017

Ciertas actividades ligadas con la pesca tienen efectos negativos no deseados, entre los que pueden mencionarse la sobrepesca de algunas especies, la captura incidental de especies no comerciales, el descarte pesquero y la destrucción del hábitat marino por artes de pesca inadecuadas. La actividad portuaria, los asentamientos urbanos costeros, la explotación de hidrocarburos y el tráfico marítimo pueden tener impactos negativos que derivan principalmente en la contaminación del mar.

Pesca no sostenible

Captura de merluza argentina – © D. González Zevallos (CENPAT-CONICET)

Algunas prácticas ligadas a las actividades pesqueras no sostenibles representan serias amenazas para el ecosistema y la biodiversidad. La pesca excesiva o sobrepesca ocurre cuando se excede el volumen de captura máximo recomendado por la autoridad científica de una cierta pesquería, un hecho frecuente en la región. La merluza argentina (Merluccius hubbsi) es un ejemplo de especie pescada en exceso, lo que conlleva una disminución marcada en su población total y su biomasa, y una menor capacidad de reponer los individuos que mueren a causa de la pesca y de otros factores. Esta circunstancia afecta negativamente al ecosistema por un lado y al conjunto de personas que viven de la pesca por el otro, ya que desemboca en una “crisis pesquera” como la que se vive actualmente en varios puertos de la región. Otros impactos negativos ligados a ciertas actividades pesqueras incluyen la captura incidental, el descarte pesquero y la destrucción de fondos marinos. La captura incidental afecta a especies o individuos que son atrapados de manera accidental, como aves, mamíferos, tortugas, invertebrados y diversas especies de peces. Muchos de los individuos capturados por accidente en artes de pesca mueren aunque sean arrojados nuevamente al mar. El descarte pesquero excesivo ocurre cuando existe captura de un gran volumen de peces o invertebrados con poco valor comercial en operaciones de pesca. La ausencia de controles determina que se arroje al mar una proporción de la captura (generalmente muerta) que incluye juveniles de especies de alto valor. Los fondos marinos resultan alterados por la pesca de arrastre de fondo, que consiste en arrastrar una enorme red u otro dispositivo lastrado en cercanías del lecho del mar, causando la destrucción de comunidades bentónicas en las que habitan decenas de especies, tales como bancos de moluscos bivalvos, corales de aguas frías o concentraciones de esponjas.

Raya hocicuda en el momento de ser descartada –© D. González Zevallos (CENPAT-CONICET)

Contaminación

El Mar Patagónico se encuentra expuesto a contaminantes. Se detectan hidrocarburos derivados del petróleo, metales pesados, sustancias tóxicas persistentes (PCB), vertidos de efluentes urbanos que causan eutrofización y residuos sólidos.

Contenido estomacal de un ejemplar de tortuga verde capturada accidentalmente en pesquería artesanal de la bahía Samborombón (Victoria González Carman, CONICET- INIDEO y, Aquamarina/PRICTMA).

Una de las cuestiones más preocupantes es la enorme cantidad de residuos sólidos de origen urbano y pesquero que año tras año son depositados en las zonas costeras. El viento y la lluvia transportan los residuos más livianos hacia el mar, mientras que las corrientes costeras los arrastran y acumulan en sectores lejanos. Gran parte de estos residuos son de material plástico, producto del descarte de envases, bolsas y otros artículos que permanecen inalterados en el ambiente durante mucho tiempo. Las especies silvestres de vertebrados marinos (especialmente tortugas, aves y mamíferos) ingieren frecuentemente residuos plásticos al confundirlos con alimento, lo que les provoca desnutrición, problemas de locomoción, enfermedad y riesgo de muerte. Algunos residuos (restos de artes de pesca y otros) se enredan en el cuerpo de animales marinos tales como aves, lobos, elefantes y cetáceos, causándoles sufrimiento, heridas y eventualmente la muerte.

Pingüino penacho amarillo afectado por contaminación con petróleo

Los hidrocarburos derivados del petróleo afectan zonas costeras y marinas. Se detectan derrames y vertidos crónicos de hidrocarburos aun en zonas alejadas de la influencia directa de puertos o rutas de petroleros. El transporte de petróleo por mar genera riesgos de contaminación en la zona costera, ya sea por maniobras habituales de los buques como por accidentes. Los derrames también ocurren durante la carga y la explotación offshore. Entre las principales causas de mortandad masiva de aves marinas se encuentra la contaminación a causa de grandes derrames de petróleo y sus derivados. El pingüino de Magallanes es una de las aves más afectadas por la contaminación por petróleo, y resulta un indicador confiable de la existencia de incidentes. En los últimos años, por acciones exitosas de mitigación, el número de aves afectadas disminuyó significativamente. Igualmente, los derrames puntuales continúan causando mortandad de pingüinos en algunos lugares del litoral marítimo atlántico.

En la costa atlántica, la presencia de metales pesados se limita a los puertos y a localidades costeras con actividad minera. Las sustancias tóxicas persistentes se encuentran en áreas costeras muy industrializadas, como el periurbano de la ciudad de Buenos Aires.

Los vertidos urbanos y los que se originan en actividades agrícolas y ganaderas aportan desechos orgánicos y residuos ricos en fosfatos y nitratos que alteran los ambientes marinos y causan mortalidad de fauna (eutrofización). La eutrofización por residuos cloacales se asocia a enfermedades humanas producidas por microorganismos patógenos.

La contaminación severa en los puertos puede ocasionar malformaciones y extinciones locales de especies costeras. Por ejemplo, la presencia de tributil-estaño (TBT) ocasiona problemas reproductivos a los caracoles marinos en las costas argentinas. El TBT es un contaminante que proviene de ciertas pinturas antiincrustantes que recubren los cascos de los barcos.

Especies introducidas

Se han reportado al menos 41 especies no nativas del Mar Patagónico. De ellas, al menos 20 tienen impacto negativo sobre los ecosistemas, ya que son capaces de invadir nuevos hábitats y eventualmente transformarlos. Todas estas especies habitan en zonas costeras. Entre las especies introducidas se encuentran: algas, lombrices de mar, mejillones, caracoles, dientes de perro, cangrejos y peces. El alga undaria que cubre grandes extensiones en los fondos de golfos y bahías del centro de la Patagonia argentina produce cambios en la biodiversidad y pérdidas económicas a causa de la degradación de bancos de bivalvos y sitios turísticos. Se piensa que dos especies de salmónidos introducidos podrían tener efectos negativos sobre poblaciones de pingüinos si se verifica competencia por el alimento.

Floraciones de algas nocivas y cambio climático

Las floraciones de algas nocivas (mareas rojas) parecen ir en aumento en la región. En años recientes se han registrado mortandades masivas de aves marinas a causa de las toxinas que producen estos organismos. Su impacto podría ser aun más significativo ante cambios en el clima global. La elevada mortalidad de juveniles de ballena franca que se registra anualmente en la Patagonia atlántica podría estar relacionada, entre otros factores, con la escasez de presas en las zonas de alimentación invernal de la especie en el Atlántico Sur.

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